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Che Guevara, la máquina de matar

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Che Guevara, la máquina de matar

Mensaje por landy el Miér 31 Dic 2014, 18:17


Ernesto "Che" Guevara ha sido siempre visto con benevolencia y hasta con misticismo por muchas personas debido a la lucha de la cual formò parte en Cuba, pero mucha gente olvida la estela de sangre que dejò a su paso. La gran mentira en la que se sostiene el aura de romántico, soñador y visionario que rodea al sanguinario guerrillero argentino, no se sostiene por ningun lado al revisar la historia y ver que solo era un asesino implacable. Guevara, a inicios de la revoluciòn cubana, fue cabeza visible de muchos de los juicios de los cuales, mas de 500 personas fueron fusiladas. La gente puede olvidar y perdonar, pero la historia no lo hace, solo basta revisarla para ver quien es quien, y Guevara no fue lo que muchos piensan.

El pez por la boca muere, famoso dicho que calza con exactitud algunas actitudes de las personas. Al respecto, iniciaremos con algunas frases dichas por el guerrillero Ernesto "Che" Guevara. Con respecto al campesino, Guevara dijo que no importa cuan pequeño o pobre sea, no importa cuánto haya ayudado a la revolución y peleado por ella, si llega a generar capitalismo, debe ser "eliminado". Para el Che, ese capitalismo era simplemente el defender el pedazo de tierra que los pobres campesinos tenían para vivir, el cual era colectivizado para la Cuba socialista.

En su famoso "Mensaje a la Tricontinental" (publicado con el título "Crear dos, tres...muchos Vietnam, esa es la consigna") el Che escribió: "El odio como factor de lucha; el odio intransigente al enemigo, que impulsa más allá de las limitaciones naturales del ser humano y lo convierte en una efectiva, violenta, selectiva y fría máquina de matar. Nuestros soldados tiene que ser así; un pueblo sin odio no puede triunfar sobre un enemigo brutal".

Se decìa mucho en esos tiempos que Guevara era un tipo muy frìo, de cabeza muy àgil pero a la vez analìtica, pero en casos extremos, actuaba con mucha dureza y tomaba decisiones muy en contra de los derechos humanos. En Sierra Maestra, Guevara también impuso su personalidad al mostrarse estricto frente a los actos de indisciplina, de traición y criminales, no solo en la propia tropa, sino también con respecto a los soldados enemigos y a los campesinos que habitaban la zona. Esta faceta se hizo evidente el 17 de febrero de 1957, cuando descubrieron que uno de los guerrilleros, Eutimio Guerra, era un traidor que había brindado al enemigo la situación del grupo, lo que permitió al ejército bombardear su posición en el pico Caracas y luego emboscarlos en los Altos de Espinosa, poniéndolos al borde de la derrota definitiva. Fidel Castro decidió entonces que sería fusilado por traición, pero sin indicar quienes lo ejecutarían. Ante la indecisión general fue el Che Guevara quien lo ejecutó disparándole un tiro en la cabeza, demostrando una frialdad y dureza frente a los crímenes en tiempos de guerra que lo harían famoso.

En Santa Clara el Che Guevara dio la orden de fusilar al jefe de policía, Cornelio Rojas, entre otros detenidos. El coronel Joaquín Casillas, quien había sido condenado en 1948 por asesinar al sindicalista Jesús Menéndez y luego dejado en libertad, fue detenido y también resultó muerto.

Ernesto Guevara también tomó parte del grupo compuesto por Antonio Núñez Jiménez, Pedro Miret, Alfredo Guevara, Vilma Espin, Oscar Pino Santos y Segundo Ceballos, que operaba desde los inicios de la revolución en el máximo secreto, a espaldas del gobierno excluyendo Fidel Castro. Este grupo se reunía todas las noches en la casa que habitó Guevara en Tarará, un balneario cercano a La Habana. El grupo funcionaba bajo la supervisión de Fidel Castro y tenía como fin elaborar y definir leyes claves, como la de reforma agraria y creación del INRA, actuando como un verdadero gobierno paralelo.

Una de la primeras decisiones del nuevo gobierno, fueron los juicios revolucionarios como parte del proceso conocido como Comisión Depuradora contra personas consideradas criminales de guerra o muy asociadas con el régimen de Batista, y más adelante nuevos opositores como el Comandante del Segundo Frente Nacional del Escambray, Jesús Carreras Zayas, acusado de apoyar una rebelión en 1960. Entre enero y abril de 1959, alrededor de mil fueron denunciados y juzgados por medio de juicios sumarísimos de los cuales 550 fueron fusilados. Ernesto Guevara en su condición de jefe de La Cabaña durante los primeros meses de la revolución, tuvo a su cargo los juicios y ejecución contra los detenidos en la fortaleza. La opinión personal de Guevara sobre los fusilamientos fue expuesta públicamente ante las Naciones Unidas el 11 de diciembre de 1964 : "Nosotros tenemos que decir aquí lo que es una verdad conocida, que la hemos expresado siempre ante el mundo: fusilamientos, sí, hemos fusilado; fusilamos y seguiremos fusilando mientras sea necesario. Nuestra lucha es una lucha a muerte. Nosotros sabemos cuál sería el resultado de una batalla perdida y también tienen que saber los gusanos cuál es el resultado de la batalla perdida hoy en Cuba".

Para tal fin Guevara estableció un sistema judicial con tribunales de primera instancia y un tribunal de apelación bajo su presidencia, que desarrollaron su actuación en audiencias públicas, con fiscales acusadores, abogados defensores y testigos. La legitimidad de los juicios revolucionarios y los fusilamientos por el gobierno cubano son objeto de intensos debates que oponen frontalmente a quienes simpatizan con la Revolución Cubana de aquellos que se le oponen

El otro rostro




Desdichadamente, Che Guevara dejó una estela de sangre en Cuba en lo relacionado a sus oponentes. Este rastro de sangre apareció primeramente, en la provincia de Las Villas, región central de Cuba y terminó en la prisión de La Cabaña, en La Habana. La toma de la ciudad de Santa Clara fue sangrienta para sus oponentes. En esta batalla el Che perdió sólo un hombre de su columna, el Vaquerito, joven combatiente que era un protegido de Celia Sánchez, pero tuvo algunos heridos. Durante la batalla, un grupo de militares se atrincheraron en un hotel, en el centro de la ciudad, finalmente, se rindieron. Muchos prisioneros fueron ejecutados sumariamente. Puestos ante el paredón de fusilamientos, sin juicios ni misericordia. Estas ejecuciones se llevaron a cabo frente a fotógrafos, periodistas y cámaras de cine. Los prisioneros, en muchos casos, eran jóvenes campesinos que se habían unido al ejército como último recurso de desempleados y eran conocidos como: "casquitos".

En La Habana, el Che fue nombrado jefe del campamento militar de La Cabaña. Este antiguo cuartel, era utilizado como prisión desde tiempos en que Cuba era colonia de España. Más que una guarnición militar, era conocido como una prisión. Cuando fue construido en el siglo XVIII, tenía un gran valor estratégico defensivo. En el siglo XX, era más un monumento histórico que una plaza de importancia militar. Los nuevos armamentos y la aviación lo habían convertido en algo obsoleto, desde el punto de vista bélico. La Cabaña, pronto adquirió nefasta fama: Una abarrotada prisión y centro de ejecuciones día y noche.

El "guerrillero heroico", se convirtió en jefe de la prisión y centro de ajusticiamientos. En los primeros meses del 1959, La Cabaña fue seleccionada para estos fines, por estar bien apartada, aunque en la ciudad de La Habana y no muy accesible al público. Los prisioneros venían de todos los lugares de La Habana y de algunas provincias. El Che, no los había condenado a prisión o muerte. Se limitaba a cumplir las órdenes sin protestas, excusas y orgullo. Un miembro de su columna, de origen estadounidense, conocido por el nombre de Herman, actuaba como jefe de uno los pelotones de fusilamientos. Este individuo usaba un revólver a la forma de los "cowboys" del Oeste estadounidense, y era el encargado de dar el tiro de gracia. Herman, gustaba de hacer girar el arma, macabramente, en su dedo índice y soplar el cañón del revólver después del disparo. Se refería a la Cabaña, "como su coto de caza" o "su campo privado de tiro". Desconozco cómo y cuándo este cruel sujeto apareció y desapareció de Cuba: un aventurero más. En aquellos meses, Herman era parte de la tropa del Che.

Varias personas que visitaron la oficina del Che, en La Cabaña, desde donde se veía el lugar de las ejecuciones, fueron invitadas por éste, para que lo acompañaran a presenciar las mismas desde su ventana. Paradójicamente, la ejecución del comandante Humberto Sorí Marín, compañero de armas del Che en la Sierra Maestra, fue similar a la de él posteriormente en Bolivia. Sorí Marín, se había separado de la revolución y estaba conspirado contra Castro. Semanas antes del desembarco de Bahía de Cochinos, fue sorprendido, con otros conspiradores en una reunión clandestina. Hubo un encuentro a balazos con la policía secreta de Castro y Sorí Marín cayó mal herido. Inmediata condena de muerte en La Cabaña, Sorí Marín no podía sostenerse en pie por sus heridas. Fue virtualmente acarreado al lugar de la ejecución, lo amarraron a un poste y lo ejecutaron. Al Che no se le puede discutir su valentía en el campo de batalla, ni su crueldad terminada la lucha. Muchos estiman que más de dos mil personas fueron ejecutadas en La Cabaña. Acepto el más conservador de este cálculo y llevo el número a la mitad: 1000 personas.

Cuando el Che fue nombrado Presidente del Banco Nacional de Cuba, circulaba un chiste que a él le gustaba repetir. "Fidel reunió a sus íntimos colaboradores y dijo que necesitaba un economista para dirigir el Banco Nacional de Cuba, y preguntó si había un economista en el grupo. El Che levantó la mano y Fidel lo nombró en el cargo. Terminada la reunión Fidel se acercó al Che y le dijo: no sabía que eras economista. El Che respondió sorprendido, no lo soy, creía que preguntabas si había un comunista en la reunión, por eso levanté la mano".

Siendo Presidente del Banco Nacional, el Che se mostró altanero, arrogante y despectivo. Recibía a visitantes y funcionarios, vestido en sucios uniformes de combate y ponía las botas sobre el escritorio, mientras hablaba con ellos. En una ocasión dijo a un funcionario que miró con sorpresa y atención las botas del Che sobre el escritorio. "¿Qué miras, que no tengo calcetines? Tampoco uso ropa interior". Desconozco si lo expresado por el Che era cierto o no. Posiblemente, era una forma teatral de tratar a sus visitantes. En la práctica, las decisiones del Banco Nacional, eran hechas por dos serios economistas del partido comunista cubano: Regino Boti y el profesor Carlos Rafael Rodríguez. Personas capacitadas, respetuosas y muy conservadoras al vestir y hablar.

Lo que muchos vieron como el colmo de la arrogancia fue que Guevara firmó los billetes de Banco de Cuba con su alias: "Che". No obstante, si el Che se conducía de esta forma, Castro lo permitía. Pero, los comunistas de la vieja guardia y sus aliados soviéticos, no compartían su pensar y forma de actuar.

Todos los fusilamientos se hacen por órdenes expresas mías




Guevara fue nombrado por Castro jefe militar de la fortaleza de La Cabaña en La Habana, después de que Batista huyera de Cuba, cargo que ocupo desde enero hasta septiembre de 1959, y también responsable de la Comisión Depuradora, con el fin de implantar el terror revolucionario. En una comparecencia por el canal 6 de la TV en febrero de 1959, el Che declaraba que “en La Cabaña todos los fusilamientos se hacen por órdenes expresas mías.” Aquí él presidió sobre centenares de ejecuciones en juicios sumarios que incluso un biógrafo comprensivo como Jorge Castañeda, en su libro “Compañero: Vida y Muerte del Che Guevara”, dice que “se llevaron a cabo sin el respeto por el buen hacer de la justicia.”

Luis Ortega, en su libro ¡Yo soy el Che! relata lo que el Che le dice a Duque Estrada: “Hay que trabajar de noche, el hombre ofrece menos resistencia de noche que de día. En la calma nocturna la resistencia moral se debilita. Haz los interrogatorios de noche. No hace falta hacer muchas averiguaciones para fusilar a uno. Lo que hay que saber es sí es necesario fusilarlo. Nada más. Debe dársele siempre al reo la posibilidad de hacer sus descargos antes de fusilarlo. Y esto quiere decir, entiéndeme bien, que debe siempre fusilarse al reo, sin importar cuáles hayan sido sus descargos. No hay que equivocarse en esto. Nuestra misión no consiste en dar garantías procesales a nadie, sino en hacer la revolución, y debemos empezar por las garantías procesales mismas.”

Napoleón Vilaboa, miembro del Movimiento 26 de Julio y asesor del Che en La Cabaña, relata la ejecución de José Castaño Quevedo, director del Buró de Represión de Actividades Comunistas (BRAC), contra el cual no pesaban acusaciones criminales y al que llevo a la oficina del Che: “Mientras daba vueltas alrededor de su mesa y de la silla donde estaba el militar, Che sacó la pistola 45 y lo mató allí mismo con dos balazos en la cabeza.”

Escalofriante relato del ex preso político Pierre San Martín, testigo presencial del asesinato a sangre fría de un niño entre 12 y 14 años de edad llevado a cabo por el Che Guevara en la fortaleza de la Cabaña en 1959: “…el crujiente sonido de la puerta de hierro se abrió, al mismo tiempo que lanzaban a una persona más al ya aglomerado calabozo…. ¿Y tú que hiciste?, preguntamos casi al unísono. Con la cara ensangrentada y amoratada nos miró fijamente, respondiendo: por defender a mi padre para que no lo mataran, no pude evitarlo, lo asesinaron los muy hijos de perra. Cerca del paredón donde se fusilaba, con las manos en la cintura, caminaba de un lado al otro el abominable Che Guevara. Dio la orden de traer al muchacho primero, y lo mandó a arrodillarse delante del paredón… El muchacho desobedeció la orden, con una valentía sin nombre le respondió al infame personaje: “si me has de matar tendrás que hacerlo como se mata a los hombres, de pie, y no como a los cobardes, de rodillas.”

Caminando por detrás del muchacho, le respondió el Che: "con que sois un pibe valiente"...Desenfundando su pistola le dio un tiro en la nuca que casi le cercenó el cuello.”

Ajusticiamientos

Guevara a los 15 años



Durante los tres primeros meses de la revolución cubana tuvieron lugar 568 ejecuciones por fusilamiento. Incluso el New York Times lo admite, según la periodista de dicho diario Hart Phillips, unos "400 en los dos primeros meses". El periodista Tetlon del London Daily Telegraph escribe lo siguiente, "en ocasiones funcionaban cuatro tribunales simultáneamente, sin abogados ni testigos de descargos, llegando a juzgarse, contemplando la pena capital, hasta 80 personas en juicios colectivos". Los procesos judiciales fueron farsas desvergonzadas que espantaron y repugnaron a todos aquellos que los presenciaron.

Jorge Castañeda en su biografía sobre Guevara, menciona que el fallecido padre Iñaki de Aspiazu, un vasco católico simpatizante de la revolución, habló de 700 víctimas. Luis Ortega escribe en su libro “Yo soy el Che” que Guevara envió a 1,897 hombres al pelotón de fusilamiento. En su libro "Che Guevara: una Biografía," Daniel James escribe que el Che admitió haber ordenado "varios miles" de ejecuciones durante los primeros años del régimen castrista. Félix Rodríguez, un exagente de la CIA, que participo en la captura del Che en Bolivia, le contó a Vargas Llosa que se enfrentó al Che tras su captura recriminándole las "más o menos 2,000" ejecuciones de las que fue responsable a lo largo de su vida. "Me dijo que eran todos agentes de la CIA y no discutió la cifra." Como contraste en los Juicios de Nurenberg, al finalizar la Segunda Guerra Mundial, de los 24 líderes nazis acusados de crímenes de guerra solamente se aplicó la pena de muerte a 11 de ellos.

Homofòbico

El Che tuvo un rol principal en el establecimiento del primer campo de trabajos forzados en la península de Guanahacabibes en el oeste de Cuba, que se puso en marcha a finales de 1960, para confinar personas que no habían cometido delito sujeto a castigo por la ley, revolucionario o de otro tipo. Che defendió dicha iniciativa diciendo: “Nosotros solamente enviamos a Guanahacabibes aquellos casos dudosos de los que no estamos seguros que deban ser encarcelados…. Nosotros mandamos a Guanahacabibes a la gente que no debería ir a la cárcel, gente que ha cometido crímenes contra la moral revolucionaria, en mayor o menor grado,…”

“Este campamento fue el precursor del confinamiento sistemático, a partir de 1965 en la provincia de Camagüey, de disidentes, homosexuales, católicos, Testigos de Jehová, sacerdotes afro-cubanos, y otras escorias por el estilo, bajo la bandera de las Unidades Militares de Ayuda a la Producción (UMAP). Hacinados en autobuses y camiones, los "desadaptados" serían transportados a punta de pistola a los campos de concentración organizados sobre la base del modelo de Guanahacabibes. Algunos nunca regresarían; otros serían violados, golpeados, o mutilados; y la mayoría quedarían traumatizados de por vida, como el sobrecogedor documental de Néstor Almendros, "Conducta Impropia", se lo mostrara al mundo un par de décadas atrás.”

La homofobia del Che se manifiesta en el cartel colocado a la entrada del campo de trabajos forzados, donde confinaron a los homosexuales, donde se leía “El trabajo os hará hombres'', replica del lema “El trabajo os hará libres” utilizado en los campos de concentración nazis. Pretendía corregir el comportamiento homosexual aplicando castigos rigurosos con el objeto de modificar dicha desviación social, la cual no constituye un delito castigado por la ley.

Intransigente y cruel

Guevara a los 18 años



Al instinto asesino sigue la cobardía, como lo demuestran los incidentes con el guerrillero Jorge Sotús y el comandante Carreras. La conducta intransigente y cruel que siempre mostró Ernesto Guevara durante su vida, chocó en ocasiones con su actitud un tanto vacilante y flojona durante determinada confrontación personal en que su pellejo corría peligro. Así fue cuando provocó que Sotús se le insubordinara, y Carrera lo retara a duelo. El Che se redujo a la mínima expresión. Con el último se desquitó presenciando su fusilamiento en la Cabaña, donde tuvo lugar el reto.

Confesó también: “Yo en realidad no soy un economista”. Su intervención al frente del Banco Nacional y el Ministerio de Industrias, fue un total desastre. Lo fue también de guerrillero, como quedó demostrado en Africa y Bolivia. Su reacción cuando lo apresaron, fue la de una rata, no la de un héroe. Al final no libera a sus hombres del compromiso de resistir hasta la muerte. El, en cambio, decide rendirse y no morir peleando como cuadra a un héroe, al tratar de convencer a sus captores diciéndoles que valía más vivo que muerto.

El Guevara traidor

Mario Vargas Llosa, en un artículo sobre Ernesto Guevara, dice: "Un ser que de histórico pasa a ser mítico no es juzgado con criterios racionales sino mediante actos de fe y de ilusión. Es el caso de Ché" . Se sabe de su traiciòn en México, cuando los futuros expedicionarios son arrestados, informa a sus captores los nombres de todos los que se encuentran en el campamento, en marcado contraste con el coronel Albeto Bayo quien, ante igual pretensión, respondió: "Yo no me presto ni me prestaré a señalar nombres...a acusar a ninguno, ni que hurguen ustedes sobre nuestro movimiento, que es el de toda la nación cubana".

El periodista cubano en el exilio José Ignacio Rasco dice que la relación entre Castro y el Che es la misma que él presenció en Cuba: "Me consta del miedo que sentía ante Fidel Castro. Cuando fui a Palacio para protestar del cierre de la Universidad de Villanueva -por la ley 11- presencié la escena donde Castro lo trataba con altanería implacable y como él, tímidamente, se le sometía. Castro lo enviaba a expediciones, como la del Congo o la de Bolivia, para alejarlo del poder y hacerlo fracasar. Ni en Venezuela ni en Guatemala tuvo ninguna participación revolucionaria en sus días juveniles, sino más bien se convirtió en un terrible burguesito bohemio de correrías propias de jóvenes malcriados, de pandillitas de barrios en varios países de América Latina. Fue su primera esposa, Hilda Gadea, la que le contagió el virus marxista, más achinado que soviético, siempre sediento de sangre ante su altar de paredón en La Cabaña. Era sádico en su conducta con sus víctimas y los familiares de ellas, gozaba divirtiéndose con la tragedia ajena de esposas e hijos de presos políticos o fusilados con burlas hirientes y sangrientas".

La ironìa de la foto




La famosa fotografía de Guevara fue tomada por el fotógrafo cubano Alberto Korda el 5 de marzo de 1960. El editor italiano Gian Giacomo Feltrinelli la descubrió en uno de sus viajes a La Habana. Alberto Korda se la obsequio.

Tras la muerte de Guevara, Feltrinelli -al fin empresario- imprimió millones de carteles. La foto recorrió el mundo y fue el símbolo de los movimientos juveniles del 68 y posteriormente de toda la izquierda asi como de grupos delictuales.

Pero las ganancias fueron para Feltrinelli, ni Korda ni Cuba obtuvieron beneficios. Feltrinelli -quien murió a principios de los años setenta, obtuvo algo mas de 5 millones de dólares por la venta de carteles del Che. Ahora el control sobre esa imagen emblemática se ha perdido: cualquiera la usa y explota comercialmente. Es la ironìa de alguien que luchò contra el capitalismo pero al final su imagen se hizo parte del sistema que deseaba erradicar.
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Re: Che Guevara, la máquina de matar

Mensaje por landy el Miér 31 Dic 2014, 18:55


Che Guevara, quien tanto hizo por destruir el capitalismo, es hoy una marca quintaesencial del capitalismo. Su imagen es adorno de tazas, mecheros, llaveros, carteras, gorras, pantalones vaqueros, sobres de infusiones y, por supuesto, esas omnipresentes camisetas con la fotografía tomada por Alberto Korda: el galán del socialismo, con gorra, en los primeros años de la revolución, pasando casualmente por delante del visor del fotógrafo y quedando fijado en la imagen que, treinta años después de su muerte, sigue siendo el logo del chic revolucionario.

Los productos Che son comercializados tanto por grandes corporaciones como por pequeños negocios, como la Burlington Coat Factory, que sacó un anuncio de televisión en el que un muchacho con pantalones militares llevaba una camiseta del Che. Los revolucionarios también se apuntan a este frenesí de la mercadotecnia: desde The Che Store, que cubre "todas tus necesidades revolucionarias" por Internet, hasta el escritor italiano Gianni Minà, que vendió a Robert Redford los derechos cinematográficos del diario que escribió el Che en su viaje por Suramérica en 1952. Por no hablar de Alberto Granado, que acompañó al Che en ese viaje de juventud, trabaja como asesor de documentalistas y ahora lamenta, mientras consume vino de rioja y magret de pato en Madrid, que por culpa del embargo norteamericano contra Cuba le resulta difícil cobrar sus derechos de autor.

En cada etapa de su vida adulta, su megalomanía se manifestó en una urgencia depredadora por arrebatar a otras personas sus vidas y sus posesiones, y por abolir su libre albedrío

La disposición de Guevara cuando viajó a Cuba a bordo del 'Granma' queda reflejada en la carta que escribió a su mujer: "Aquí, en la selva cubana, vivo y sediento de sangre"

Su sinceridad le condujo a dejar testimonio escrito de sus crueldades, incluyendo cosas verdaderamente horrendas, aunque no las más horrendas
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   De símbolo revolucionario a icono capitalista

La metamorfosis del Che Guevara a marca capitalista no es nueva, pero la marca está siendo objeto de una operación de revival en los últimos tiempos, y se trata de un revival especialmente notable porque llega años después del colapso político e ideológico de todo lo que Guevara representaba. Este éxito inopinado se debe fundamentalmente a Diarios de motocicleta, la película producida por Robert Redford y dirigida por Walter Salles. Hermosamente rodada en paisajes que han logrado evitar los efectos corrosivos del capitalismo contaminante, la película muestra al joven en un viaje de autodescubrimiento, cuando su incipiente conciencia social se topa con la explotación social y económica -sentando las bases para una reinvención de nuevo cuño del hombre al que Sartre un día calificó como el más completo de nuestra era.

Es habitual entre los seguidores de una secta no conocer la historia real de la vida de su héroe, la verdad histórica. No es sorprendente que los seguidores contemporáneos de Guevara, sus nuevos admiradores poscomunistas, también se engañen aferrándose a un mito -excepto los jóvenes argentinos entre los que cunde la expresión "tengo una remera [camiseta] del Che y no sé por qué".
¿Faro de la justicia?

Pensemos en algunas de las personas que han exhibido o invocado la imagen de Guevara como un faro de la justicia y la rebelión contra el abuso de poder. En Líbano, los manifestantes que protestaban contra Siria frente a la tumba del primer ministro Rafiq Hariri portaban la imagen del Che. Thierry Henry, un futbolista francés que juega en el Arsenal, apareció en una gran fiesta organizada por la FIFA con una camiseta roja y negra del Che. En Stavropol, en el sur de Rusia, los manifestantes que denunciaban el pago en efectivo de ayudas sociales tomaron la plaza central con banderas del Che. En el campo de refugiados de Dheisheh, en la franja de Gaza, carteles del Che adornan un muro en el que se rinde tributo a la Intifada. Leung Kwok-hung, el rebelde elegido para el Congreso Legislativo de Hong Kong, desafía a Pekín vistiendo una camiseta del Che. Y el caso más célebre, en la ceremonia de entrega de los Premios de la Academia de Hollywood de este año, Carlos Santana y Antonio Banderas interpretaron la canción de Diarios de motocicleta, y Santana apareció con una camiseta del Che y un crucifijo. Las manifestaciones de la nueva secta están por todas partes. Una vez más, el mito está animando a personas cuyas causas, en general, representan exactamente lo contrario de lo que era el Che Guevara.

No hay hombre que no tenga alguna cualidad que le redima. En el caso del Che, esas cualidades pueden ayudarnos a medir el abismo que separa la realidad del mito. Su sinceridad le condujo a dejar testimonio escrito de sus crueldades, incluyendo cosas verdaderamente horrendas, aunque no las más horrendas. Su coraje le llevó a que no viviera para asumir la responsabilidad por el infierno cubano. Un mito puede comunicar tanto acerca de una época como la verdad. Y así, gracias a los propios testimonios del Che acerca de sus pensamientos y acciones, y gracias también a su prematura desaparición, podemos saber exactamente el grado de engaño que muchos de nuestros contemporáneos tienen acerca de tantas cosas.

Puede que Guevara estuviera enamorado de su propia muerte, pero estaba mucho más enamorado de la muerte de los demás. En abril de 1967, hablando desde la experiencia, resumía su idea homicida de la justicia en su Mensaje a la tricontinental: "El odio como factor de lucha; el odio intransigente al enemigo, que impulsa más allá de las limitaciones naturales del ser humano y lo convierte en una efectiva, violenta, selectiva y fría máquina de matar".
En otras ocasiones, el joven bohemio parecía incapaz de distinguir entre la ligereza de la muerte como espectáculo y la tragedia de las víctimas de la revolución. En una carta a su madre de 1954, escrita en Guatemala, donde fue testigo del derrocamiento del Gobierno revolucionario de Jacobo Arbenz, escribió: "Fue muy divertido, con todas aquellas bombas, discursos y otras distracciones que rompían la monotonía en la que estaba viviendo".

La disposición de Guevara cuando viajó con Castro de México a Cuba a bordo del Granma queda reflejada en una frase de una carta a su mujer redactada el 28 de enero de 1957, poco después de desembarcar, y publicada en su libro Ernesto: Memorias del Che Guevara en Sierra Maestra: "Aquí, en la selva cubana, vivo y sediento de sangre".

En enero de 1957, como indica su diario de Sierra Maestra, Guevara mató de un disparo a Eutimio Guerra porque sospechaba que estaba pasando información al enemigo: "Acabé con el problema con una pistola del calibre 32, en el lado derecho de su cerebro... Sus pertenencias ahora son mías". Luego dispararía a Aristidio, un campesino que expresó su deseo de abandonar la lucha cuando los rebeldes se trasladaran a otro lugar. Mientras se preguntaba si esta víctima en concreto "realmente era lo suficientemente culpable como para merecer la muerte", no le tembló el pulso a la hora de ordenar el asesinato de Echevarría, hermano de uno de sus camaradas, por crímenes no especificados: "Tenía que pagar el precio". En otras ocasiones simulaba ejecuciones, aunque no las llevara a cabo, como método de tortura psicológica.
Fusilamientos en La Cabaña

Pero la "fría máquina de matar" no demostró todo el alcance de su rigor hasta que, inmediatamente después de la caída del régimen de Batista, Castro lo puso al frente de la prisión de La Cabaña. San Carlos de la Cabaña era una fortaleza de piedra utilizada para defender La Habana de los piratas ingleses en el siglo XVIII; más tarde se convirtió en un barracón militar. Guevara presidió, durante la primera mitad de 1959, uno de los momentos más oscuros de la revolución. José Vilasuso, abogado y profesor de la Universidad Interamericana de Bayamón, en Puerto Rico, que perteneció al organismo a cargo de los procesos judiciales sumarios en La Cabaña, me contó hace poco que el Che dirigía la Comisión Depuradora. "Se regía por la ley de La Sierra, tribunal militar, de hecho y no jurídico, y el Che nos recomendaba guiarnos por la convicción. Esto es, sabemos que: 'Todos son unos asesinos, luego proceder radicalmente es lo revolucionario'. Mi función era de instructor. Es decir, legalizar profesionalmente la causa y pasarla al ministerio fiscal. Se fusilaba de lunes a viernes. Las ejecuciones se llevaban a cabo de madrugada, poco después de dictar sentencia y declarar sin lugar (de oficio) la apelación. La noche más siniestra que recuerdo se ejecutó a siete hombres".

Javier Arzuaga, el capellán vasco que consolaba a los condenados a muerte, habló conmigo recientemente desde su casa de Puerto Rico. Este ex cura católico que ahora tiene 75 años y que se define como "más cercano a Leonardo Boff y a la Teología de la Liberación que al antiguo cardenal Ratzinger", recuerda que había alrededor de 800 prisioneros en un espacio donde no cabían más de 300: antiguos militares y policías de Batista, algunos periodistas, unos pocos hombres de negocios y comerciantes. El tribunal revolucionario estaba compuesto por milicianos. Guevara presidía el tribunal de apelaciones. "Nunca anuló ninguna condena. Después de que yo me fuera, en mayo, ejecutaron a muchos más, pero yo personalmente fui testigo de 55 ejecuciones".

¿Cuántas personas fueron asesinadas en La Cabaña? Pedro Corzo da una cifra de unos 200, similar a la ofrecida por Armando Lago, un catedrático de economía jubilado que ha elaborado una lista con 179 nombres como parte de un estudio sobre las ejecuciones en Cuba que le ha llevado ocho años. En cables secretos enviados por la Embajada estadounidense en La Habana al Departamento de Estado en Washington se hablaba de "más de 500" ejecuciones. Félix Rodríguez, un agente de la CIA que formó parte del equipo encargado de dar caza al Che en Bolivia, me contó que se enfrentó al Che tras su captura recriminándole las "más o menos 2.000" ejecuciones de las que fue responsable a lo largo de su vida. "Me dijo que eran todos agentes de la CIA y no discutió la cifra", recuerda Rodríguez. Las cifras más altas podrían incluir ejecuciones llevadas a cabo en los meses después de que el Che dejara de estar al mando de la prisión.

Lo que nos devuelve a Carlos Santana y su chic vestimenta Che. En una carta abierta publicada en El Nuevo Herald el 31 de marzo de este año, el gran músico de jazz Paquito D'Rivera criticaba a Santana por su atuendo en los Oscar. Y añadió: " Uno de estos cubanos fue mi primo Bebo, preso allí precisamente por ser cristiano. Él me cuenta siempre con amargura cómo escuchaba desde su celda en la madrugada los fusilamientos sin juicio de muchos que morían gritando '¡Viva Cristo Rey!".

El ansia de poder del Che tenía otras formas de expresión, además del asesinato. Escribiendo sobre Pedro de Valdivia, el conquistador de Chile, Guevara reflexionaba: "Pertenecía a esa clase especial de hombres que la especie produce de vez en cuando, en quienes el anhelo de poder ilimitado es tan extremo que cualquier sufrimiento padecido para lograrlo parece natural". Podría haber estado describiéndose a sí mismo. En cada etapa de su vida adulta, su megalomanía se manifestó en una urgencia depredadora por arrebatar a otras personas sus vidas y sus posesiones, y por abolir su libre albedrío.
Obsesión por controlar

La obsesión del Che por el control colectivista le llevó a colaborar en la formación del aparato de seguridad que se montó con objeto de subyugar a seis millones y medio de cubanos. A principios de 1959 tuvieron lugar una serie de reuniones secretas en Tarará, cerca de La Habana, en la mansión a la que el Che se retiró temporalmente para recuperarse de una enfermedad. Ahí fue donde los líderes más importantes, incluyendo a Castro, diseñaron el Estado policial cubano. Ramiro Valdés, subordinado del Che en la guerrilla, fue puesto al frente del G-2, un organismo creado a partir del modelo de la Checa. El propio Guevara asumió el poder del G-6, el organismo encargado de adoctrinar ideológicamente a las fuerzas armadas. La invasión de Bahía de Cochinos, llevada a cabo con apoyo estadounidense en abril de 1961, se convirtió en la ocasión perfecta para consolidar el nuevo Estado policial, con la captura de cientos de miles de cubanos y una nueva oleada de ejecuciones. Como el propio Guevara le contó al embajador soviético Sergei Kudriavtsev, los contrarrevolucionarios "no volverían a levantar cabeza".

"Contrarrevolucionario" es el término que se aplicaba a cualquiera que se desviara del dogma. Era el sinónimo comunista de "hereje". Los campos de concentración eran una de las formas que el poder dogmático adoptaba para aplastar la disidencia. La historia atribuye al general español Valeriano Weyler, capitán general de Cuba a finales del siglo XIX, la primera utilización de la palabra concentración para describir la política de rodear a multitudes de adversarios potenciales -en este caso, partidarios del movimiento de independencia cubano- con alambre de espino y vallas. Qué apropiado, que los revolucionarios cubanos, más de medio siglo después, adoptaran esta tradición. Al principio, la revolución movilizó a los voluntarios para que construyeran escuelas y trabajaran en los muelles, las plantaciones y las fábricas -proporcionando exquisitas oportunidades para que el Che se fotografiara en versión Che estibador, Che cortador de caña, Che trabajador textil-. No pasaría mucho tiempo antes de que el trabajo voluntario se hiciera algo menos voluntario: el primer campo de trabajos forzados, Guanahacabibes, se puso en marcha a finales de 1960 en el oeste de Cuba.

Este campo fue el precursor del confinamiento sistemático, que finalmente comenzaría a producirse a partir de 1965 en la provincia de Camagüey, de disidentes, homosexuales, víctimas del sida, católicos, testigos de Jehová, curas afrocubanos y demás ralea, bajo la bandera de las Unidades Militares de Ayuda a la Producción. Hacinados en autobuses y camiones, los no aptos eran transportados a punta de pistola a campos de concentración organizados a partir del modelo de Guanahacabibes. Algunos jamás regresarían; otros serían violados, apaleados o mutilados, y la mayoría acabarían traumatizados de por vida.

Quizá la revista Time estuviera poco acertada en agosto de 1960, al describir el reparto de tareas de la revolución con un reportaje de portada en el que Che Guevara aparecía como el "cerebro", Fidel Castro como el "corazón", y Raúl Castro como el "puño". Pero esta visión reflejaba el papel crucial de Guevara en la transformación de Cuba en un bastión del totalitarismo. Che era un candidato bastante dudoso como ejemplo de pureza ideológica, dado su espíritu bohemio, pero durante sus años de entrenamiento en México y, en el periodo siguiente de lucha armada en Cuba, se reveló como un ideólogo comunista enamorado de la Unión Soviética, para gran incomodidad de Castro y los demás, que eran básicamente oportunistas dispuestos a utilizar cualquier medio necesario para hacerse con el poder. Cuando los revolucionarios en ciernes fueron arrestados en México en 1956, Guevara fue el único que admitió ser comunista y estar estudiando ruso. Durante la lucha armada en Cuba, estableció una alianza férrea con el Partido Socialista Popular (el partido comunista de la isla) y con Carlos Rafael Rodríguez, un personaje fundamental en la conversión del régimen de Castro al comunismo.

Este temperamento fanático convirtió al Che en un eje de la sovietización de una revolución que en repetidas ocasiones se había jactado de su carácter independiente. Poco después de que los barbudos tomaran el poder, Guevara participó en negociaciones con Anastas Mikoyan, viceprimer ministro soviético, de visita en Cuba. El viaje de Guevara a Rusia en agosto de 1962 fue significativo, porque selló el acuerdo que convertiría Cuba en una cabeza de playa nuclear. Se reunió con Jruschov en Yalta para cerrar los detalles de una operación que ya estaba empezada y que tenía que ver con la introducción de 42 misiles soviéticos, la mitad de los cuales estaban provistos de cabezas nucleares, además de lanzaderas y unos 42.000 soldados. Después de presionar a sus aliados soviéticos amenazándoles con el peligro que supondría que Estados Unidos descubriera lo que estaba sucediendo, Guevara obtuvo garantías de que la marina soviética intervendría -en otras palabras, que Moscú estaba dispuesto a ir a la guerra.

Guevara se distanció de la Unión Soviética en los últimos años de su vida. Lo hizo por razones equivocadas, reprochando a Moscú su blandura ideológica y diplomática, y que estuviera haciendo demasiadas concesiones -no como la China maoísta, que llegaría a ver como el refugio de la ortodoxia-. A Guevara le molestaba el hecho de que Moscú estuviera pidiendo a otros miembros del bloque comunista, incluida Cuba, algo a cambio de su colosal ayuda económica y apoyo político. Su ataque final contra Moscú llegaría en Argelia, en febrero de 1965, en una conferencia internacional en la que acusó a los soviéticos de adoptar la "ley del valor", es decir, el capitalismo. Su ruptura con los soviéticos, por tanto, no fue un grito por la libertad, sino un aullido en pos de la subordinación total de la realidad a la ciega ortodoxia ideológica.
Su visión económica

El gran revolucionario tuvo la oportunidad de poner en práctica su visión económica -su idea de la justicia social- al frente del Banco Nacional de Cuba y del Instituto Nacional de Reforma Agraria del Ministerio de Industria a finales de 1959, y, a partir de principios de 1961, como ministro de Industria. La etapa en la que Guevara estuvo a cargo de la mayor parte de la economía cubana coincidió con el desplome casi total de la producción azucarera, el fracaso de la industrialización y la introducción del racionamiento -y todo esto en lo que había sido uno de los cuatro países de mayor éxito económico de Latinoamérica desde antes de la dictadura de Batista.

Su período al frente del Banco Nacional, durante el cual acuñó billetes firmados por "Che", ha sido resumido por su segundo de a bordo, Ernesto Betancourt: "Ignoraba los principios económicos más elementales". Los poderes de percepción de Guevara en relación con la economía mundial fueron expresados en una famosa frase de 1961, en una conferencia hemisférica en Uruguay, donde predijo para 1980 una renta per cápita mayor que la de "Estados Unidos hoy". De hecho, en 1997, cuando se cumplía el trigésimo aniversario de su muerte, los cubanos estaban restringidos por el racionamiento a una dieta de dos kilos de arroz y medio kilo de alubias al mes, 100 gramos de carne dos veces al año, 100 gramos de pasta de soja a la semana y cuatro huevos al mes.

La reforma agraria arrebató la tierra a los ricos, pero se la entregó a los burócratas, no a los campesinos (el decreto fue escrito en casa del Che). En aras de la diversificación, se redujeron las zonas cultivables y la mano de obra se distrajo hacia otras actividades. El resultado fue que entre 1961 y 1963, las cosechas se redujeron a la mitad.



Última edición por landy el Miér 31 Dic 2014, 19:22, editado 3 veces
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Re: Che Guevara, la máquina de matar

Mensaje por landy el Miér 31 Dic 2014, 19:05


EL CAZADOR CAZADO



COMO ASESINABA EL CHE GUEVARA

por Pierre San Martin
Eran los últimos días del año 1959; en aquella celda oscura y fría 16 presos dormían en el suelo y los otros 16 restantes estábamos parados para que ellos pudieran acostarse, pero nadie pensaba en esto, nuestro único pensamiento era que estábamos vivos y eso era lo importante; vivíamos hora a hora, minuto a minuto, segundo a segundo sin saber que depararía el siguiente.

Fue como una hora antes del cambio de turno cuando el crujiente sonido de la puerta de hierro se abrió, al mismo tiempo que lanzaban a una persona más al ya aglomerado calabozo. De momento, con la oscuridad, no pudimos percatarnos que apenas era un muchachito de 12 o 14 años a lo sumo, nuestro nuevo compañero de encierro.

¿Y tú que hiciste?, preguntamos casi al unísono.

Con la cara ensangrentada y amoratada nos miró fijamente, respondiendo:

"Por defender a mi padre para que no lo mataran, no pude evitarlo, lo asesinaron los muy hijos de perra."

Todos nos miramos como tal vez buscando la respuesta de consuelo para el muchacho, pero no la teníamos, eran demasiados nuestros propios problemas. Habían pasado dos o tres días que no se fusilaba y cada día teníamos más esperanzas que todo aquello acabara, los fusilamientos son inmisericordes, te quitan la vida cuando más necesitas de ella para ti y para los tuyos, sin contar con tus protestas o anhelos de vida.

Nuestra alegría no duró mucho más, cuando la puerta se abrió, llamaron a 10, entre ellos al muchacho que había llegado último; nos habíamos equivocado, pues a los que llamaban nunca más los volvíamos a ver.

¿Cómo era posible quitarle la vida a un niño de esta forma; sería que estábamos equivocados y nos iban a soltar? Cerca del paredón donde se fusilaba, con las manos en la cintura, caminaba de un lado al otro el abominable Che Guevara.

Dió la orden de traer al muchacho primero, y lo mandó a arrodillarse delante del paredón. Todos gritamos que no hiciera ese crimen, y nos ofrecimos en su lugar.

El muchacho desobedeció la orden, con una valentía sin nombre le respondió al infame personaje: si me has de matar tendrás que hacerlo como se mata a los hombres, de pie, y no como a los cobardes, de rodillas.

Caminando por detrás del muchacho, le respondió el Che: "con que vos sos un pibe valiente"...

Desefundando su pistola le dió un tiro en la nuca que casi le cercenó el cuello.

Todos gritamos: asesinos, cobardes, miserables, y tantas otras cosas más. Se volteó hacia las ventanas de donde salian los gritos y vació el peine de la pistola, no sé cuantos mató o hirió. De esta horrible pesadilla, de la cual nunca logramos despertar, pudimos darnos cuenta despues, en la clínica del estudiante del hospital Calixto García, a donde nos habian llevdo heridos. Ppor cuanto tiempo no lo sabríamos, pero una cosa sí estaba clara, nuestra única baraja era la de escapar, única esperanza de superviviencia...

Publicado en EL NUEVO HERALD d i g i t a l
Diciembre 28, 1997
Miami, Florida



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